Discurso de Eduardo Flórez grado 2018-1

Bogotá, 13 de junio de 2018

Discurso de grado de Eduardo Flórez a la promoción del primer semestre de 2018.

Tengo una hija a quien llamo Olivia. Ella me llama papá. También llama papá al perro Weimarener que vive con nosotros; a la gata Ánima, una gata criolla, tan silenciosa que pareciera que estuviera siempre por fuera de la ventana; llama papá al perchero sobre el que se sostienen arrumados los abrigos y las maletas de la casa. En realidad, llama papá a casi todo, bueno, a la mitad del todo, porque a la otra mitad, al cojín de bordados tailandeses, al celular negro con protector rojo, a las galletas de arroz integral, al pájaro que vuela -que milagrosamente vuela- y a su madre Gema los llama mamá. Sin embargo, cuando Olivia dice papá o mamá, el perchero permanece inmune; las galletas ni se enteran; Monigote no responde, y el cojín sigue siendo quietamente Tailandés. Solamente acudimos al llamado Gema y yo: giramos la cabeza, abandonamos el espacio que ocupamos y nos desplazamos hacia el espacio que ocupa Olivia: comparecemos ante su llamado. Parece una nimiedad, pero no lo es. Es , por el contrario, uno de los milagros del lenguaje: acudir ante el otro; comparecer ante el otro. Pero ¿Qué es lo que hace que acudamos, que nos desplacemos desde nosotros mismos hacia el otro? Dejo esta pregunta suspendida en este llamado, en este discurso.

En latín llamar se dice vocare. De esta raíz provienen otras formas del llamado: evocación, el llamado a los muertos o a la memoria; invocación, el llamado en busca de auxilio; provocación, el llamado para hacer salir a alguien de sí mismo; equivocación, el llamado, no desde un solo lugar sino desde lugares equidistantes ( que tristeza que hallamos perdido esta acepción del equivocarse) ; vocación, el llamado del deber con uno mismo y con sus formas de hacer vida; y por último, la convocación, el llamado a todos, el llamado público a comparecer reunidos en un espacio, en un tiempo, en una idea. Quizás, el más profundo anhelo del lenguaje sea en el fondo llamar : llamar al otro,  llamar al mundo,  llamar a las palabras que algunas veces acuden, pero que la mayoría de las veces dejan al espacio convocado lleno de silencio ( la escritura es una guerra civil con las palabras, es el llamado de lo que viene siempre de otra forma). Vivimos entre el júbilo de la comparecencia y la profunda tristeza de una silla vacía. No obstante, es gracias a esta incertidumbre que se abre la infinita posibilidad de llamar a las cosas de otra forma, de comparecer por otro: la posibilidad de ser otro, de ser el otro, de ser libre en y con el otro. En el libro del Ramayana de Tulcides, uno de los libros más importantes de la tradición hindú, el principe Rama le pregunta a Hanuman, dios de los monos:
-Y tú, dime ¿Qué eres, mono?-  Hanuman respondió: -Cuando no sé quién soy me pongo a tu servicio… Cuando se quien soy, me transformo en ti-

Hoy es un día lleno de júbilo ( es la primera vez que uso esta palabra por fuera del tan consabido “Oh júbilo inmortal”, es la primera vez que la llamo al lado de otras palabras para que comparezca en otros sentidos) y  es un día lleno de júbilo (inmortal) porque hoy hemos comparecido todos y todas, hemos atendido a una de las formas del llamado: a la convocación. De nuevo repito la pregunta: ¿qué nos ha hecho asistir a este llamado, comparecer en el mismo espacio y tiempo a seres tan disímiles, como lo somos todos nosotros y nosotras?

Nos convocan, en primer lugar, Carlos y Sonia. Nos convocan bajo el llamado de Qualia. Nos convocan con su incansable fe en nosotros. Nos convocan con su generosidad de montaña. Nos convocan en este espacio para que podamos encontrar el mas íntimo de los llamados: el llamado de la vocación. Gracias Carlos y Sonia por seguir llamando a nuestras casas, por seguir llamándonos a pesar de todo. Ustedes artífices de todo esto; ustedes, templo que nos alberga.

En el hermoso discurso que pronunció el escritor estadonunidesne Richard Ford cuando recibió el premio Principe de Asturias, dijo : “Hoy soy afortunado, eso es todo. Llegado el día, otro escritor estará donde yo estoy ahora. Y yo encuentro esto profundamente esperanzador”. Con el permiso de Richard Ford voy a retomar y reescribir sus palabras.”Hoy soy afortunado, eso es todo. Llegado el día , otro profesor estará donde yo estoy ahora. Y yo encuentro esto profundamente esperanzador

Y lo encuentro esperanzador porque la esperanza no se proyecta tan lejos, en este caso. Es más, la esperanza se redime hoy mismo ( recuerden: “Hoy soy, afortunado, eso es todo”).  Porque hoy  también nos convocan los profesores y profesoras, mis amigos y amigas, mis colegas, que ya de antemano ocupan mi lugar, que siempre han ocupado mi lugar. El ejercicio de la educación, desde mi humilde punto de vista, está encaminado a dar testimonio, a profesar un testimonio. Ellos y ellas, los mayores convocantes de todos, dedican su llamado a profesar la fe en la emancipación, en la liberación, en la libertad.  Esta fe que profesan se presenta en forma de testimonio: es un  testimonio que profesa que sí es posible vivir de otra forma; que sí es posible ensanchar las posibilidades de la existencia a través del ejercicio continuo del pensamiento, de la crítica, de la duda, de la creatividad, del hacer, de la amistad, de la solidaridad, de la convocatoria.

Hoy están acá presentes estos hombres y mujeres. Ellos y ellas se levantan todos los días con la esperanza de promulgar la libertad, de hacer de cada uno de ustedes un acto de libertad infinito, de liberarlos de ustedes mismos para que puedan ser por siempre ustedes mismos, ( les repito): de liberarlos de ustedes mismos, para que puedan ser por siempre ustedes mismos, sin las conjeturas del deber ser, sin las ataduras del miedo, sin la somnolencia de la soledad impuesta. Porque la libertad, la única libertad que nos debe estremecer, se da siempre en libertad con los otros, en compañía de lo otros, en compasión y estremecimiento con los otros. En palabras de Fernando Pessoa, que siempre serán infinitamente mejores que las mías: “Al sol siéntate y abdica para ser rey de ti mismo”.

Ustedes y nosotros y nosotras , permítanme hablar desde el nosotros y nosotras porque es el pronombre que me ha regalado Qualia( porque lo que en realidad hoy siento es un enorme y poderoso nosotros y nosotras) estamos más cercanos a libertad cuando oímos profesar la libertad a Nicolás Padilla profesor de física, cuando lo oímos leer en hora de letras los mejores cuentos posibles e invocar religiosamente la duda religiosa; profesar la libertad a Ana María Prieto, profesora de bioquímica, cuando demuestra que la ternura es el mayor de los llamados, cuando habla de Victoria y del punk; profesar la libertad a Catalina Rodríguez profesora de matemáticas y coordinadora académica, cuando está siempre al servicio de todos y todas, siempre, sin prorrogar un minuto la espera a nuestras preocupaciones; profesar la libertad a Lucia Barbieri, profesora de matemáticas, cuando nos demuestra que se puede ser de tantas formas, que se puede amar de tantas formas; profesar la libertad a Laura Ramírez, profesora de Sociales, cuando enarbola la defensa de la libertad de las mujeres, de ustedes mujeres, de nosotros, mujeres; profesar la libertad a Laura Rubio, profesora de inglés, cuando nos demuestra que se puede resistir y acompañar amorosamente a la muerte, heroicamente y amorosamente a la muerte; profesar la libertad a Koryna Chacón, profesora de lectura crítica, cuando se infunde de Virgina Woolf para que nos animemos a escribir, a crear, a pensar el futuro de otras miles de formas; profesar la libertad a Monica Urrea, profesora de CEC, cuando nos invita a respirar para liberarnos del miedo que infunde ser de otra forma; profesar la libertad a Patricia Solano, profesora de inglés, cuando nos demuestra que la paciencia es la comprensión de los tiempos del otro; profesar la libertad a Angela Aristizabal, cuando con su ímpetu y generosidad no muestra otras formas de pensar lo ya pensado; profesar la libertad a Daniel Leguizamon, cuando nos enseña que el cuerpo y el abrazo con también otras formas de convocar al mundo y quien lastimosamente se va de Qualia. (Por eso les pido que le brindemos un enorme y agradecido aplauso)… ( pausa) Y profesar la libertad a Miriam, a Estelita, a Tere, a Yarle y a Claudia, profesar la libertad a través de la máxima de las libertades: el servicio al otro.

Y por último, pero en este caso, la llamada más importantes, nos convocan diez formas de llamar al mundo: nos convoca Mateo, nos convoca Juan Andrés, nos convoca Antonio, nos convoca Manuela, nos convoca Juan Sebastián, nos convoca Valeria, nos convoca Miguel, nos convoca Valentina, nos convoca Juan Camilo, nos convoca Camila. Diez formas de llamar al mundo en las  que nosotros nos reconocemos, en las que desplazamos nuestro propios nombres para compartir el nombre de otro,( hoy acudimos en nombre de ellos). Es, posiblemente, en esta transposición de lo nombres, del llamado público en el nombre propio, que nos hacemos sociales, que nos hacemos compañía, que nos hacemos amadores y amadoras ( esta es una campaña para dejar de hacernos amantes y amados).

Familia mía: Mateo, Juan Andrés, Antonio, Manuela, Juan Sebastián, Valeria, Miguel, Valentina, Juan Camilo, Camila: gracias por haberme convocado durante todo este tiempo. Por haberme hecho comparecer ante ustedes, por hacerme más humano, por hacerme un profesor.

 Y por útimo, Familia mía, les pregunto: ¿ cómo podemos comparecer ante el llamado cuando en todo habita la semilla de la impermanencia, cuando la muerte llama sin sordina, llama siempre cada día?

Miguel Hernández, poeta español ( con quien tanto he querido), tiene un poema que quizás nos ayude a responder, un poema que parece dictado desde otros confines del pensamiento, un poema que nos convoca dese la infinitud del llamado:

“Los muertos, con un fuego congelado que abrasa,

 laten junto a los vivos de una manera terca.

Viene a ocupar el hijo los campos y la casa

que tú y yo abandonamos quedándonos muy cerca.

 

Haremos de este hijo generador sustento,

y hará de nuestra carne materia decisiva:

 donde sienten su alma las manos y el aliento,

las hélices circulen, la agricultura viva.

 

Él hará que esta vida no caiga derribada,

pedazo desprendido de nuestros dos pedazos,

que de nuestras dos bocas hará una sola espada

 y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos.

 

No te quiero a ti sola: te quiero en tu ascendencia

y en cuanto de tu vientre descenderá mañana.

Porque la especie humana me han dado por herencia,

la familia del hijo será la especie humana.

 

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos,

seguiremos besándonos en el hijo profundo.

Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos,

se besan los primeros pobladores del mundo”

 

Familia mia: nosotros y nosotras, todos los que hemos acudido al llamado, profesamos la fe en el futuro, en la promesa: la fe en todos y todas ustedes.  Nos sabemos convencidos de que ustedes estarán donde estamos hoy nosotros dando testimonios de vida, provocando, equivocando, evocando, invocando y convocando, desde la vocación de cada uno de ustedes. De mi parte, para serles sincero, encuentro eso profundamente esperanzador. Y como dice Richard Ford: “Hoy soy afortunado, eso es todo”